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Hasta el cielo se ha puesto a llorar

"El peronismo quedó a la deriva, este es el peor resultado posible para una fuerza cuyo pragmatismo la vuelve eficiente en el ejercicio del poder".

Opinión Luciano Giuliani
cielo

La soledad de Alberto Fernández es poco envidiable, ni siquiera los enemigos declarados del kirchnerismo lo tienen en cuenta, aunque sea para un improperio.

Es una figura tan irrelevante como no lo ha sido ningún ex presidente de nuestro país, no hay un grupo que se referencie en él, no hay nada destacable en su paso por el poder que sea una "huella de gestión".

Propios y extraños no saben bien si compadecerse o insultarlo por sus graves errores.

Cristina ejerció contra Alberto Fernández la peor embestida, solo comparable con los que trabajaron para vaciar de poder a Estela Martínez de Perón.

Un ex presidente que logró un índice de popularidad envidiable, pero que se fue diluyendo por malas decisiones, con un agregado mucho más importante, un ataque incesante de fuego amigo.

El gran beneficiario de aquella disputa fue Sergio Massa, el hombre que llegó tarde.

Fue el ex ministro de economía y ex candidato a presidente quien se sirvió de la casa incendiada para usar sus chances de poder ser presidente.

A Massa tampoco le tuvo piedad Cristina, primeramente lanzó señales de un candidato hijo de la "generación diezmada", para luego dejar libertad de acción a un candidato de reserva, Juan Grabois, que no sumó, sino que erosionó la cubierta de candidato de unidad del ex ministro de economía.

El peronismo quedó a la deriva, este es el peor resultado posible para una fuerza cuyo pragmatismo la vuelve eficiente en el ejercicio del poder.

Ahora hay una nueva etapa, difícil de asumir, porque Javier Milei trae consigo un bagaje propio del peronismo y cautivó un sector social que hasta ayer escuchaba la marchita y acompañaba con el pie.

Al peronismo le queda un largo proceso para encontrar, en primer lugar, una conducción, y en segundo lugar, un candidato.

La Argentina actual no es modificable, y a diferencia de aquel recordado y temible 2001, los mecanismos de contención social creados desde el gobierno de Duhalde para acá, han anestesiado la masa social, produciendo un extraño conformismo que no sabe de lógicas partidarias.

Los que si se van a ver interpelados son los movimientos sociales que obtuvieron una caja formidable de la política durante el gobierno de Macri, que luego aumentaron en el gobierno de Fernández, y que ahora parece que el gobierno buscará evitar intermediarios entre los beneficiarios y el Estado, además de reprimir la protesta social. 

La gran pregunta es saber como se configurará la oposición en este contexto, mañana martes, el presidente se reunirá con los gobernadores, ya han creado un grupo de wasap, y habrá negociaciones trascendentes para lograr llevar adelante el plan motosierra con aval político.

Del gobierno de Fernández no queda nada, la soledad del ex presidente habla de algo mucho peor que la derrota, habla de la indiferencia, que es lo peor que le puede pasar a un político que se precie de tal.

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