Jaque mate al paso del tiempo: Carlos Echeverría y el alma del ajedrez en La Carlota

Desde hace más de 30 años, Carlos Echeverría dedica su vida a sostener y hacer crecer el histórico Círculo de Ajedrez de La Carlota. Entre torneos, jóvenes talentos, sueños de traer grandes maestros y una pasión que nació en su infancia, el dirigente convierte cada partida en una historia de esfuerzo, estrategia y encuentro humano.
Especiales 28/05/2026MaraMara

En una silenciosa sala de calle General Paz al 200, las piezas se acomodan sobre los tableros mientras las historias parecen quedar suspendidas en el tiempo. Allí funciona el histórico Círculo de Ajedrez de La Carlota, una institución fundada el 26 de diciembre de 1953 y considerada una de las más antiguas de la provincia de Córdoba. Pero detrás de cada torneo, cada reloj digital y cada partida interminable, hay un nombre que se repite desde hace más de tres décadas: Carlos Echeverría.

Actual presidente de la institución, jugador, dirigente y apasionado promotor del ajedrez, Carlos prácticamente creció entre piezas blancas y negras. “Aprendí mirando jugar a mis padres. De a poco me fui metiendo en las partidas hasta que terminé ganándoles”, recuerda entre risas.

A los 13 años ya frecuentaba las mesas del tradicional Bar Marconi, donde los adultos se reunían a disputar intensas partidas de café y estrategia. Aquellos encuentros marcaron el comienzo de un camino que nunca abandonó.

“En el año 72 participé por primera vez en un torneo provincial por equipos en Villa María. La escuela hizo una selección y me eligieron. Después empezaron a invitarme a otros torneos”, cuenta.

Aunque reconoce que en sus primeros años las derrotas eran habituales, jamás perdió el entusiasmo. “No ganaba muchas partidas, pero cada experiencia me hacía querer seguir aprendiendo más”, señala quien hoy lleva más de 30 años dedicado casi exclusivamente al ajedrez.

Mucho más que un juego

Para Carlos, el ajedrez no es simplemente una competencia intelectual. Es una herramienta de formación, un espacio social y una verdadera escuela de vida.

“El ajedrez enseña a pensar, a razonar, a planificar estrategias y a tomar decisiones. Los chicos aprenden que para llegar a un objetivo hay que analizar caminos, tener paciencia y concentrarse”, explica.

Desde hace años trabaja junto a escuelas de la ciudad impulsando torneos intercolegiales y talleres para jóvenes. Actualmente desarrolla actividades junto a David García en el colegio Cabildantes y anteriormente lo hizo en Girasoles.

“Es impresionante ver cómo los chicos se entusiasman. En un tiempo donde todos hablan de sacar a los chicos del celular, el ajedrez aparece como una alternativa real, donde juegan, piensan y comparten”, asegura.

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El valor de jugar cara a cara

Aunque internet revolucionó el mundo del ajedrez y hoy millones de partidas se juegan online, Carlos sostiene que nada reemplaza el encuentro presencial.

“No hay comparación. Cuando jugás frente a frente escuchás la respiración del rival, observás sus gestos, su mirada. Ahí también se juega la partida”, afirma.

Una sede con historia propia

El Círculo de Ajedrez de La Carlota es uno de los pocos del interior provincial que posee sede propia y Personería Jurídica. En sus paredes cuelgan fotografías históricas, recortes periodísticos y recuerdos de generaciones enteras que pasaron por sus mesas.

“Este lugar es parte de nuestra vida”, resume Carlos.

La comisión directiva trabaja permanentemente para mantener y mejorar el espacio. El año pasado realizaron importantes obras en baños, techos y patio, con una inversión cercana a los cuatro millones de pesos.

Además, recientemente adquirieron 20 relojes digitales profesionales y cuentan con 45 tableros reglamentarios para competencias oficiales.

“Todo se logra gracias al aporte de los socios y el acompañamiento de la Municipalidad de La Carlota”, destaca.

Las puertas del club permanecen abiertas los martes y jueves desde las 18 horas para cualquier vecino que quiera aprender o jugar.

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La Carlota, protagonista en el país

El crecimiento del ajedrez local quedó reflejado recientemente en las estadísticas de la Federación Argentina de Ajedrez. Durante abril, La Carlota se posicionó en el segundo lugar nacional en cantidad de jugadores convocados en torneos rápidos por equipos.

El último certamen realizado en el IPET 255 reunió a 21 equipos provenientes de distintos puntos del país como Ushuaia, Mendoza, Salta, Santa Fe y Córdoba.

“Eso demuestra que el ajedrez en La Carlota está más vivo que nunca”, señala Echeverría.

El sueño de traer grandes maestros

Carlos reconoce que uno de los grandes desafíos es acercar figuras internacionales a la ciudad. Incluso existió la posibilidad de contar con la presencia del joven fenómeno argentino Faustino Oro.

“Hablé con su padre, pero hoy los costos son muy altos. No es solo el cachet, también hay que cubrir viajes y estadía”, explica.

Faustino Oro, considerado una de las mayores promesas del ajedrez mundial, logró convertirse en Gran Maestro con apenas 12 años, dejando una marca histórica para el deporte argentino.

Mujeres que pisan fuerte

El crecimiento femenino dentro del ajedrez también es una realidad que Carlos celebra.

“Cada vez participan más mujeres y eso es muy importante”, afirma.

El ejemplo más reciente fue la destacada actuación de la argentina María José Campos en el Prague International Chess Festival 2026, donde consiguió una nueva norma de Gran Maestra Femenina.

“El Círculo de Ajedrez es mi vida”

Con humildad, Carlos reconoce que gran parte de su tiempo estuvo dedicado a la dirigencia más que a competir profesionalmente.

“El 70 por ciento de mi vida en el ajedrez fue organizando eventos y trabajando para que el club siga creciendo”, admite.

Pero lejos de arrepentirse, lo dice con orgullo. Porque para él, cada tablero armado, cada niño aprendiendo y cada torneo organizado son parte de una misma misión: mantener viva una pasión que atraviesa generaciones.

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Un legado que sigue moviendo piezas

Porque mientras el reloj continúa marcando el tiempo y las piezas cambian de posición sobre cada tablero, Carlos Echeverría sigue sosteniendo la misma pasión que nació en su infancia y que jamás abandonó. Una pasión que no se limita únicamente a jugar ajedrez, sino a defender un espacio cultural, educativo y social que forma parte de la identidad de La Carlota.

Durante décadas, vio pasar generaciones enteras por las mesas del histórico Círculo de Ajedrez. Algunos llegaron por curiosidad, otros buscando competir y muchos simplemente para compartir una tarde distinta. Pero todos encontraron algo en común: un lugar donde el respeto, la concentración y el pensamiento estratégico todavía tienen valor.

Echeverría entiende que el ajedrez va mucho más allá de mover piezas blancas y negras. Para él, cada partida es también una enseñanza de vida. “El ajedrez obliga a pensar antes de actuar, a tener paciencia, a aprender de los errores y a entender que cada decisión tiene consecuencias”, suele repetir cuando trabaja con niños y jóvenes en las escuelas.

Por eso gran parte de su esfuerzo estuvo siempre enfocado en acercar el juego a las nuevas generaciones. Torneos intercolegiales, clases, encuentros recreativos y actividades abiertas forman parte de una tarea silenciosa pero constante que busca mantener viva la esencia del club y despertar nuevas vocaciones.

Y aunque los tiempos cambiaron, las pantallas ganaron terreno y las partidas virtuales hoy dominan gran parte del mundo ajedrecístico, Carlos continúa defendiendo el valor irreemplazable del encuentro cara a cara. Ese instante donde dos personas se sientan frente a frente, se observan en silencio y comienzan una batalla mental donde también intervienen la emoción, los nervios y la intuición.

En cada rincón de la sede ubicada sobre calle General Paz descansan historias imborrables: viejos campeones, torneos memorables, fotografías gastadas por los años y recortes periodísticos que reflejan décadas de pasión. Y en medio de todo eso, aparece siempre la figura de Carlos, organizando eventos, acomodando tableros, enseñando estrategias o simplemente compartiendo un café entre amigos.

Porque para él, el Círculo de Ajedrez no es solo una institución deportiva. Es parte de su vida, de su historia y de su identidad.

Y quizás allí radique el verdadero secreto de su permanencia: entender que el ajedrez no se trata únicamente de ganar partidas, sino de construir vínculos, formar personas y mantener vivo un espacio donde todavía es posible pensar, aprender y compartir lejos del ruido cotidiano.

Mientras haya un tablero armado y alguien dispuesto a jugar, Carlos Echeverría seguirá moviendo piezas. No solo sobre el ajedrez, sino también sobre la historia viva de una institución que continúa dejando huella en La Carlota.

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