


Del desastre climático a la vulnerabilidad: la historia de Nora, vecina del “olvidado” Barrio de Emergencia Climática de La Carlota
MaraEl Barrio Emergencia Climática de La Carlota nació como respuesta a una de las mayores emergencias que atravesó la ciudad en las últimas décadas: la inundación de enero de 2007, cuando el desborde del río Cuarto afectó a numerosos sectores, dejó familias evacuadas y provocó graves daños en viviendas.
A partir de aquella situación comenzó a gestarse una política habitacional destinada a quienes habían perdido sus hogares o no estaban en condiciones de recuperarlos.
Durante la gestión del entonces intendente Javier Pretto, el denominado Plan Emergencia Climática contempló la construcción de 34 viviendas para familias damnificadas por la inundación.
Las unidades habitacionales fueron levantadas en el sector sur de la ciudad, dentro del área del barrio Central Argentino. La obra contó con recursos municipales y aportes nacionales y tuvo una característica particular: las familias beneficiarias, por su condición de damnificadas, no debían afrontar el pago de una cuota por las viviendas.
Para octubre de 2011, 20 de las 34 casas ya habían sido entregadas, mientras que las 14 restantes permanecían en construcción. Algunas de las familias originalmente previstas como adjudicatarias habían logrado resolver su situación habitacional por otros medios, por lo que el Municipio debía realizar nuevos estudios sociales para determinar los beneficiarios de las viviendas restantes.
Aquella política habitacional buscaba transformar una emergencia en una solución definitiva. Sin embargo, casi dos décadas después, el barrio vuelve a quedar en el centro de la escena, esta vez por las dificultades sociales y económicas que atraviesan muchas de las familias que allí viven.
Nora: una historia detrás de una puerta
La historia de Nora permite conocer de cerca esa realidad.
El sábado 15 de agosto, en medio de un mediodía lluvioso, Nora llegó junto a su hijo hasta una olla popular organizada por vecinos agrupados en el Movimiento Social Justicialista, donde se prepararon más de un centenar de platos de comida para personas y familias que atraviesan dificultades económicas.
Después de retirar su plato, Nora habló con este medio.
Hace más de 14 años que vive en el barrio. Llegó junto a su familia a una de las viviendas que originalmente había sido entregada a su suegro, quien vivía cerca del río y había perdido su casa durante la inundación.
“Como estoy a cargo de él, al no estar ninguno de sus tres hijos, nos vinimos a vivir con él”, relató.
Con el paso de los años, aquella vivienda que debía representar una solución habitacional comenzó a mostrar signos de deterioro.
Nora cuenta que las casas fueron entregadas “casi sin nada”. Según relató, tenían piso de cemento y no contaban con azulejos ni agua caliente. “Fueron hechas en el apuro y muy mal”, sostuvo.
Con los años, algunas familias pudieron realizar mejoras por sus propios medios. En su caso, las posibilidades fueron mucho más limitadas.
“Desde que entregaron las casas, nunca más se les hizo nada. Algunos vecinos pudieron con el tiempo arreglarlas, pero en mi caso pude hacer poco”, explicó.
La vivienda originalmente contaba con un dormitorio, un baño y una cocina. Con mucho esfuerzo, Nora pudo agregar un dormitorio más grande.
Pero las dificultades no terminan dentro de las casas.
Calles intransitables y problemas con las cloacas. Nora también describió las condiciones del entorno.
A esto se suman problemas con las cloacas. Según explicó, cuando se producen desbordes, los líquidos recorren distintos sectores del barrio y generan malos olores durante períodos prolongados.
“Reclamos hemos hecho de modo permanente, pero aún no nos han hecho nada”, aseguró.
Nora también puso el foco en la cantidad de familias y niños que viven en el sector.
“Somos muchas las familias que vivimos en el barrio y muchos chicos”, señaló.
Su relato refleja además una sensación de falta de acompañamiento institucional: “A veces necesitamos que se acerquen desde la Municipalidad, pero nunca lo hacen. No saben ni cómo vivimos”.
Para Nora, el barrio quedó relegado. “El olvido de Pretto”
“Es un barrio olvidado. Estamos desprotegidos, no tenemos contención de nadie. A veces uno trata de mejorar lo poco que tenemos, pero no se puede”, expresó.
“Es el barrio olvidado, primero de Pretto y después de quienes lo sucedieron”.

Una familia que sobrevive como puede
La situación económica de Nora es otro de los aspectos que atraviesan su historia.
“No tengo trabajo. Vivo de lo que me pasa el papá de mi hijo, de la jubilación de mi suegro, que la mayor parte se va en remedios porque está enfermo, y también de lo que a veces me da la Municipalidad”, contó.
Por eso, llegar a una olla popular para retirar un plato de comida tuvo para ella un significado difícil de explicar.
“Venir a buscar un plato de comida me da mucha vergüenza”, dijo.
Y luego rompió en llanto.
“Todo es muy triste. Es triste venir a buscar un plato de comida...”, alcanzó a expresar.
Su hijo, conmovido al verla llorar, la abrazó y resumió en pocas palabras lo que significa para él verla atravesar esta situación:
“Pobre mi madre. Ella es una guerrera y me duele verla así”.
El esfuerzo de un hijo por salir adelante
La situación familiar también obligó a su hijo a tomar decisiones.
Contó que tuvo que dejar sus estudios secundarios para comenzar a trabajar.
“Yo iba a la escuela PROA y tuve que dejar porque me puse a trabajar. Pero pienso retomar cuando pueda, en el CENMA”, explicó.
Su madre también continúa estudiando allí. Y su historia educativa es, justamente, una muestra de que detrás de las dificultades económicas existe una trayectoria marcada por el esfuerzo.
Nora contó que en su momento fue abanderada de la bandera provincial.
Hoy, esa mujer que alguna vez llevó la bandera como símbolo de reconocimiento académico debe enfrentar una realidad completamente distinta: dificultades económicas, una vivienda deteriorada, problemas de infraestructura y la necesidad de recurrir a una olla popular para garantizar un plato de comida.
De la emergencia climática a la emergencia social
La historia del Barrio Emergencia Climática está estrechamente ligada a la historia reciente de La Carlota.
Nació después de una inundación que dejó a numerosas familias sin hogar. Las 34 viviendas fueron concebidas como una respuesta del Estado frente a aquella emergencia.
Casi veinte años después, el escenario es diferente, pero el concepto de emergencia vuelve a aparecer.
Ya no se trata del agua que avanza sobre las viviendas, sino de familias que enfrentan la pobreza, la falta de empleo, el deterioro habitacional y las dificultades para acceder a servicios básicos.
La olla popular del pasado sábado expuso una realidad que muchas veces permanece puertas adentro.
Y en medio de esa escena apareció Nora, con su historia, su vergüenza, su llanto y también su orgullo.
Porque detrás de una casa deteriorada, de una calle intransitable o de un plato de comida entregado en una olla popular, hay familias que llevan años intentando sostenerse y salir adelante.
El barrio que nació para dar una respuesta a quienes lo habían perdido todo por una inundación vuelve hoy a reclamar una respuesta. Esta vez, frente a otra emergencia: la social.


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