El embudo y la motosierra

En épocas de campaña política aparecen metáforas símbolos, lemas o palabras que contagian y marcan tendencias que suelen reflejar el grado de popularidad los candidatos.

17 de septiembre de 2023 Luciano Giuliani
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En la Argentina todo el mundo habla de la motosierra impuesta por Javier Milei para referirse al recorte a la política que considera sustancial para modificar la estructura económica de la Argentina.

En nuestro país la motosierra es un elemento que conocemos muy bien quienes vivimos en las localidades del interior profundo donde la calefacción es mayormente a leña y se necesita de esta herramienta y el permiso para entrar a cortar madera en alguna estancia.

La motosierra significa de alguna manera abundancia y el calor del hogar, pero no parece ser el sentido que los libertarios utilizan.

La motosierra de Milei se parece más a una moto guadaña o una bordeadora para ser más específicos, el recorte va hacia lo que llama "la política", es decir, en sus propias palabras, "la casta" que parece integrar a disgusto. 

Hace varios años, antes de la llegada del nuevo milenio, en un disco para recaudar fondos para la Asociación Madres de Plaza de Mayo, muchos artistas hicieron canciones. 

La preferida de este disco para mi es El Embudo que cantan numerosos artistas y cuya letra es de León Gieco. 

La letra parece muy vigente a nuestros días, habla del saqueo a los recursos naturales, la entrega de nuestros parques nacionales como sucede con el de Barreal en el que China implantó una base militar con "fines científicos", de oleoductos y gasoductos que sirven para llevarse la riqueza afuera y empobrecernos acá, es decir una letra tristemente real y vigente casi treinta años después de escrita. 

Los problemas que describe el embudo muestran la gravedad y profundidad del problema argentino, descrito allá por 1974 en "El Modelo Argentino para el Proyecto Nacional" por Juan Domingo Perón. 

Así las cosas, uno entiende que embudo y motosierra no son compatibles, o al menos no puede taparse el embudo con la motosierra. 

Ahora bien, ningún candidato nos habla del embudo. Por el contrario, el embudo es lo que ofrecen al extranjero y en todo caso, eligen para que país del mundo y corporación multinacional hacen lobby para quedarse con el embudo por menos dinero. 

La motosierra es un espejito de color, una distracción que no dudo que sea sana y agradable por un tiempo en un país que se encuentra al borde de la desintegración nacional. 

Pero el problema argentino debe ser resuelto a fondo, y no será en los próximos cuatro años que sucederá porque comienza una nueva etapa y tal vez la motosierra ayude a despejar el camino para que brote en la Argentina alguien que saque el embudo para permitirnos crecer. 

Debe surgir un nuevo nacionalismo, de bases populares, alejado de las prácticas extranjerizantes que nos hacen leer en clave europea los problemas argentinos. 

Un nacionalismo con rasgos católicos que reivindique nuestros lazos culturales con Italia, España y Roma que nos marque como líderes de ese proceso de integración en América Latina. 

Este movimiento debe recuperar los valores que se han perdido por el relativismo de la cultura provisional, la mirada protestante de los anglo sajones y el ateísmo asiático. 

Para ello es necesario una revolución cultural contra el totalitarismo de la corrección política, una reivindicación de nuestra tradición, de nuestro modelo de familia y de nuestra historia, mirando y comprendiendo nuestros procesos independentistas en su justa dimensión para no volver a elegir entre opciones que son la negación de nuestra libertad y la sumisión a bloques mundiales que mantienen una guerra fría por dominar el mundo que es totalmente ajena a nuestros intereses y nuestra idiosincrasia. 

En definitiva, nuestro problema capital es el embudo y por allí pasa la política revolucionaria en una Argentina que puede ponerse de pie y dejar obsoletas las viejas divisiones, poniendo por delante siempre los intereses nacionales que no son otros que los que dicta nuestra cultura, nuestra historia y nuestra idiosincrasia libre de confusiones ajenas a nuestro sentir nacional. 

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